Yoísmo y Marketing de Contenidos

Esta semana, Mónica Prados (monicaprados_ en Instagram) y Carmelo Beltrán (@copymelo en Instagram), han sacado este tema en sus publicaciones.

Cada uno a su manera, ¡claro! (Por cierto, profesionales muy recomendables para seguir)

Me gustó mucho el post de Carmelo, en el que hablaba acerca de cómo las asociaciones dedicadas a la adopción de perros y gatos abandonados, podrían conseguir mejores resultados si se enfocaran más en los adoptantes, en vez de hablar solo de los animales.

Lo tituló “Si no es el protagonista, se aburre“.

Mónica, en sus Stories, decía algo así: “el marketing de contenidos es como una primera cita. Si solo hablamos de nosotros mismos, probablemente no haya una segunda.”

Un zas en condiciones.

Creo que la idea queda bastante clara ¿verdad?

Pero ¿Por qué marketing de contenidos?

Hablar de marketing de contenidos es hablar de marketing de atracción, de crear valor para los demás, de ayudar.

Además, y ahí está su verdadera fuerza, es la parte más democrática de cualquier estrategia de marketing digital.

Puedes crear un contenido (artículo, vídeo, post…) y promoverlo a través de todas las redes sociales, llegar a cientos de personas y todo, sin invertir ni un euro.

Incluso ese mismo contenido, podría llegar a convertirse en viral y llegar a decenas de miles de personas.

Ha pasado.

¿Qué te costaría conseguir lo mismo utilizando plataformas publicitarias?

Pero no solo es cuestión de dinero.

Estamos saturados de publicidad. Mejor que saturados, rodeados.

En internet, por la calle, en la tele, en la radio… Vayamos donde vayamos, siempre hay alguien intentando vendernos algo.

¿Eso es malo?

En absoluto. De hecho, al menos en internet, la publicidad es menos invasora que nunca y los anuncios cada vez son más relevantes para nosotros.

Y no solo eso.

Internet nos provee de herramientas para bloquear esa publicidad, algo que no podemos hacer en ningún otro medio tradicional.

No miro a nadie 👀 📺📻

Pero el marketing de contenidos es otra cosa.

No buscamos ni perseguimos al usuario, ni interrumpimos su vida con nuestra oferta.

Todo lo contrario.

Nos encuentra porque hemos creado algo pensando en él. Algo que capta su atención entre todo el ruido que oye a diario.

Y aquí es donde entra en juego el yoísmo

El marketing de contenidos nos da la oportunidad de conectar con los demás, de centrarnos en lo que realmente les importa.

Un contenido gratuito puede cambiar vidas… No es broma. Un contenido de pago, como un curso, un servicio o un libro, también.

Pero para que eso pase, ese contenido debe hablar de (o para) la persona con la que queremos conectar, porque si los protagonistas de la historia siempre somos nosotros, no solo se aburrirá (como decía Carmelo), sino que nos arriesgamos a perder su confianza para siempre.

¿Es malo el yoísmo?

La respuesta es la misma que con la publicidad: en absoluto. Pero siempre que se use en su justa medida y en el momento oportuno.

El yoísmo conlleva, por definición, pedir a otros que se interesen por quienes somos, lo que hacemos, sabemos o vendemos.

Por eso, mi consejo, es que dejes el yoísmo para más adelante.

O dicho de otra forma, antes de pedir nada a los demás, da, da y vuelve a dar.

Céntrate en ellos, habla de lo que realmente les importa y ofréceles lo mejor que tengas.

Nadie puede ayudarles mejor que tú. O al menos, de la misma forma que tú.

De momento, cambia el yoísmo por el tuísmo. Y no te preocupes: llegará un día en el que hablar de ti será necesario, incluso obligatorio.

Cuando te interesas por los demás de forma honesta y te pones a su servicio sin esperar nada a cambio, no solo consigues captar su atención, sino que la vida te suele recompensar de formas sorprendentes.

Yoísmo sí, pero primero, tuísmo.

Hasta la próxima semana.

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